Psicofármacos o Psicoterapia

Se podrían pensar como irreconciliables, incompatibles, que profesionales y pacientes deben decidir posicionamiento, pero no debe ser así. Todo depende de cómo se articulen, porque esta relación, como cualquier otra, para que funcione hay que elaborarla. Es mejor aprovecharla para conseguir que ambos sanen sinérgicamente que antagonismos estériles teñidos de fundamentalismos de uno y otro bando.

Vivimos inmersos en la cultura de lo inmediato, que suele ser sinónimo de lo efímero, porque las soluciones expeditivas normalmente llevan aparejada la transitoriedad, y esto se entrama en lo ideológico hasta que resulta difícil valorarlo con objetividad o desde la crítica creativa. La rapidez produce espejismos engañosos, no hay que dejarse seducir por simplicidades. Nada que merezca realmente la pena se produce sin trabajo, aunque lo elaborado al final suele ser bastante sencillo, que no es lo mismo que simple, siempre poco interesante.

Si nos proponemos destejer la intrincada tela de araña en la que nos hemos atrapado después de muchos años de dedicación, sería ingenuo pensar que podemos hacerlo de un pastillazo, algo de trabajo e implicación nos va a costar, y mucho de responsabilidad nos va a exigir. Pero la recompensa, si pudiéramos vislumbrarla de inicio, justificaría cualquier esfuerzo.

El trabajo en psicoterapia corresponde al paciente, el terapeuta ejercerá su función, pero su trabajo es de otro orden. Es el paciente el que se tiene que comprometer con su deseo de re-crearse para no repetirse de la misma manera. Sin deseo no hay terapia. Y desenredarse lleva un tiempo que hay que colocar en la perspectiva de los objetivos en los que se ha puesto el interés. Desinstalarnos del principio de placer y aprender a posponer la recompensa inmediata por otra futura más conveniente a nuestros propósitos nos inserta en la cultura, ese hecho tan artificiosamente humano. Y esto hay que trabajarlo para aprender a desearlo.

Los psicofármacos también son un artificio humano, como los aviones, las telecomunicaciones o la poesía, incuestionablemente aptos para hacer la vida más fácil y agradable, pero como todo lo demás, en su justa medida, los extremos conducen al mismo punto. Internet es un instrumento poderosísimo de información y comunicación, a la vez que se convierte, mal empleado, en una trampa aislante y embrutecedora. Lo mismo ocurre con los fármacos indicados para apaciguar los dolores del alma, que como los indicados para los dolores del cuerpo, son apropiados para el alivio sintomático, pero perversos si se convierten en un fin en sí mismos como obturadores de lo manifiesto. No progresaremos si no encaramos la angustia del no saber para ponerle palabras. Los psicofármacos no curan, facilitan la cura trabajada con la ayuda profesional. La autoayuda no es terapéutica.

Entonces, psicofármacos que permitan soportar aperturas psicoterapéuticas que puedan resultar transitoriamente dolorosas, y más psicoterapia para elaborarlas. Ni unos ni otras deben aplicarse en peligrosos taponamientos psíquicos que a la larga provocarán cataclismos imprevisibles.

Anuncios

Un pensamiento en “Psicofármacos o Psicoterapia

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s