Vidas deseadas

Leyendo el interesante artículo que publicó Xavier Guix el pasado 21 de julio en El País Semanal titulado “Vidas platónicas”, se me ocurrió dedicarle unas líneas a los deseos y fantasías que nos mueven la vida.

Ya lo dijo Platón: solo amamos aquello que deseamos, solo deseamos aquello que nos falta, y así ha de ser, sin falta no hay deseo y sin deseo no hay vida atractiva. ¿Cómo puede desearse algo que ya se tiene?, es imposible.

La falta, la incompletud es inherente al ser humano, la búsqueda de esa completud que imaginamos conseguir con lo que deseamos es el motor de nuestra vida. Si la utilizamos como motor, es una energía positiva que nos aporta crecimiento personal, pero mal empleada se convierte en el motor de la envidia y la parálisis. Envidiamos no lo que tiene el otro, que puede que no nos interese en absoluto, sino la completud que imaginamos en el otro con lo que tiene, un lugar de lo más paralizante donde no debemos instalarnos. Aunque la envidia es estructural, todos somos envidiosos, lo que cambia es lo que hacemos con ella, hay que elaborarla para que no nos paralice. Y las fantasías también paralizan si no se acompañan de trabajo, si se quedan en el reino platónico de las ideas, si decidimos vivir de ellas mismas y no de lo que representan. Las fantasías son el punto de partida como representación inicial de los deseos, pero luego hay que trabajarlas, convertirlas en proyectos con un plan de acción y un plazo de ejecución, si no es así, son igualmente paralizantes, además de peligrosas porque desbocadas se pueden convertir en delirios.

El deseo es lo que nos conduce a habitar el lugar que queremos en el mundo, a crearnos la vida que nos guste vivir, incondicionalmente personalizada. Sin deseo otros elaborarán nuestro lugar, que seguramente no será el que nos guste habitar porque no lo habremos confeccionado a medida. Si por pereza dejamos estos asuntos tan importantes en manos de cualquiera, del Gobierno, del jefe, del banco, luego será tan fácil como improductivo responsabilizar a otros de lo que nos pasa o nos falta, lo que siempre fue de nuestra absoluta incumbencia.

No hay amor sin deseo, no hay amor sin trabajo, no hay salud sin amor y trabajo.

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