Para qué procrastinar

Procrastinar: dícese del hábito de dejar para mañana lo que tendríamos que hacer hoy; porque se trata por lo general de eso, de un hábito, de una forma de habitar el mundo posponiendo lo importante, lo desagradable o lo laborioso. Posposición siempre inconveniente. Pero ¿por qué procrastinamos? Se podría reducir a por pereza, pero el asunto va más allá hasta rozar la cobardía. En el fondo de la pereza se adivina con frecuencia cobardía para hacernos con la responsabilidad de la propia vida, de las propias decisiones y de lo que podríamos conseguir siendo más proactivos que procrastinos. Aplazar sin fecha la toma de una decisión importante, el inicio de una tarea necesaria o mantener una conversación comprometida no deja de ser un acto temeroso de que nuestra intervención pueda causar una modificación en el curso de nuestros acontecimientos, una intrusión en la presunta preescritura de nuestro destino que nos obligara a asumir la responsabilidad de lo que nos pasa, y también de lo que no nos pasa, y eso para muchos es del orden de lo insoportable. Pero no hay que engañarse responsabilizando a los otros de nuestras desventuras, incluso de nuestras venturas, casi más difíciles de asumir para los no intervencionistas. Somos los únicos responsables de nuestro lugar en el mundo, y si alguien no está de acuerdo, que lo piense sinceramente, con toda la objetividad de un abogado del diablo. Si lo pensamos bien, hay posibilidades de hacer cambios que mejoren nuestras circunstancias vitales, si todo lo atribuimos a condicionantes externos, pues nada podremos hacer para elaborarnos un destino más interesante.

Además de estas desventajas, demorar la ejecución de tareas nos consume mayor energía en el mantenimiento de esa demora que la que necesitaríamos para ocuparnos de lo que tengamos pendiente. Es como si a un camarero le pidieran continuamente comandas que no sirve pero las va acumulando en el pensamiento, al final se cansa más que si atendiera a un montón de clientes. Por eso, cuando lleguemos a casa cansados preguntémonos de qué, a qué hemos dedicado el día: si nos hemos ocupado de muchas cosas, y mejor si hemos resuelto algunas, estaremos cansados de trabajar, si no, estaremos cansados de no hacer nada y eso es procrastinar, que cansa muchísimo, porque nadie se puede permitir hacer nada y vivir saludable.

Pues eso, entonces, ¿para qué procrastinar?

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Un pensamiento en “Para qué procrastinar

  1. No sé para qué procrastinar. Tampoco sé por qué. El caso es que muchas veces pasa. Sus manifestaciones en forma de agotamiento mental y físico provienen de la toma de decisión por el inmovilismo por ser más cómodo y menos arriesgado, pero se trata de un engaño que nos imponemos para no decidir. Abrir y cerrar puertas es un buen ejercicio que nos ayuda a tener la mente ocupada en crear y no en pensar en lo que tenemos por hacer.

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