Responsabilizarse

Se aprende, más o menos, que de mayor hay que ser responsable, pero ¿responsable de qué? También más o menos se enseña que del trabajo, la familia, el dinero… Pero exactamente, ¿en qué consiste ser responsable? Porque resulta que cuando aparecen los contratiempos, el responsable siempre es otro: la familia, los amigos, el jefe, el presidente del Gobierno… la madre. Y, por contradictorio que parezca, ocurre lo mismo cuando soplan buenos vientos, que el responsable es la meteorología, la suerte o el destino y no el trabajo invertido en llegar a ese lugar airoso. Pareciera que a lo que de verdad se aprende es a buscar un culpable ajeno. ¡Culpable! Esa es la cuestión, la culpa en la tradición judeo-cristiana forma parte de la ideología, es igual que se sea creyente o no, el círculo de culpa-confesión-penitencia-perdón y vuelta a empezar no para de girar en una espiral de repeticiones infinitas, que según lo que se repita puede enfermar. Mejor cambiar culpa por responsabilidad, pero ¿cómo se aprende a ser así de responsable? Pues se puede empezar por colocarse en el centro de todo lo que le ocurre a cada uno en la vida, de lo malo y de lo bueno, solo así se podrá modificar lo malo y se disfrutará de lo bueno. Si lo que pasa es un asunto ajeno, externo, nada podrá hacerse para cambiarlo, solo se puede cambiar lo que es competencia de uno mismo. Tampoco se tiene que sentir culpa por triunfar, que siempre es con trabajo, la suerte no existe, incluso para comprar un número de lotería hay que trabajar. El miedo a triunfar porque sea la antesala a una desgracia es un pensamiento mágico que no se aparta del ideario religioso de la recompensa en otra vida supuestamente plena más allá de la muerte, pero, hasta donde se sabe hoy en día, ese supuesto continúa sin estar demostrado. Responsabilizarse es también abandonar la posición de victimismo paralítico para ir a buscarse la suerte, mientras se emplean las energías en quejarse no quedan disponibles para trabajar, y así la suerte siempre es esquiva, y alejarse de esperanzas fantasiosas, también ideológicas, que invitan a quedarse sentado a esperar no se sabe qué procedente de no se sabe dónde. Un cambio de perspectiva en cuanto a la valoración de lo que se ha hecho o dejado de hacer en la vida para colocarse en el lugar que se habita, que siempre es por mérito propio, es imperativo para crecer y progresar. La responsabilidad se trabaja, la salud y la suerte también.

En palabras de Freud: salud es la capacidad de amar y trabajar.