Por amor

La doctora Beatriz es muy estricta en sus recomendaciones: Aureliano, debe comer sin sal para controlar la tensión arterial, y debe hacer ejercicio físico regularmente, trate de caminar una media hora todas las tardes por la avenida, y no abuse del alcohol, que además es malo para el hígado…

La doctora es casi tan estricta en las recomendaciones a sus pacientes como en el cuidado de su indumentaria, siempre impecablemente atractiva, ningún detalle descuidado, todo bajo su eficiente y meticuloso control, el mismo que aplica a su quehacer profesional.

Estricta también en las visitas de seguimiento, según la evolución de las cifras de tensión arterial, según los controles domiciliarios. Visitas regularmente frecuentes.

Pero Asunción, la mujer de Aureliano, pensaba que para estricta con el cuidado de su marido ya estaba ella: pero Aureliano, ¿no te vas a comer esas papitas arrugadas que te he preparado? No, porque la doctora Beatriz me ha dicho que coma sin sal y a esas papas les has puesto mucha. Pero Aureliano, ¡con lo que te gustan! Que no, que la doctora Beatriz me ha dicho que nada de sal. Y ahora, ¿a dónde vas, Aureliano? A caminar por la avenida, que la doctora Beatriz me ha dicho que es bueno para la tensión. ¡Pero si tú nunca has ido a caminar!

Y además, por si fuera poco, ya no se entretenía en el bar porque la doctora Beatriz le había dicho que beber era malo para la tensión y para el hígado, con lo que ella había batallado toda la vida para que su marido no fuera tan aficionado al vino y la cerveza, porque la verdad, nunca fue de bebida blanca, ni le dio mala vida por eso, pero así y todo, ahora va la doctora esa y lo encarrila en un momentito.

–Mire, doctora, ¿sabe qué le digo? –le espetó Asunción con las manos en jarra a la puerta de la consulta sin previo aviso– Que me cambio de cupo, con Don Antonio, y me llevo a mi marido, desde luego, a ver qué se habrá creído usted con ese citar para ver a mi marido a cada rato, y él, que no la quita de la boca: que si la doctora Beatriz me ha dicho esto, que si la doctora Beatriz me ha dicho lo otro… Ni hablar, Don Antonio es un hombre serio, de los de antes, sin esas ideas modernas que usted se ha empeñado en meterle en la cabeza a mi Aureliano.

Y el pobre Aureliano que se pierde quizá la única oportunidad que tendría en la vida de controlarse la tensión de puro enamoramiento místico con su doctora.

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