De infidelidades

Siempre me ha llamado la atención lo fácil que es equivocarse al pronunciar la palabra infidelidad con la cercana infelicidad, supongo que por la contigüidad de una con la otra. Se entienden juntas porque la infidelidad como traición genera cuando menos tristeza, si no frustración y rabia. Pero la fidelidad no es un concepto natural de la especie, sino que se trata de un artificio adquirido en la evolución humana para mantener la cohesión social, que se asume como inherente y de obligado cumplimiento sin necesidad de explicitarlo en las relaciones de pareja. Aunque algunas parejas pactan vínculos abiertos en los que se aceptan relaciones externas, también habrá infidelidad en lo que se aparte de dicho pacto, porque algún pacto habrá que establecer o no habrá relación que infidelizar.

Por eso de que normalmente no se explicita el contenido del pacto en el sentido de definir a partir de qué nivel de relación con otros se puede empezar a hablar de infidelidad, a veces se cae en grotescas especulaciones que rayan lo cómico en cuanto a la unidad de medida a utilizar para definir la distancia que separó a los dos cuerpos en el momento, o momentos, de autos: metros, centímetros, milímetros, unidades negativas o kilómetros fulminados por internet… Para algunos solo se puede hablar de infidelidad si ha habido relación sexual, para otros basta una mirada libidinosa, pero en el fondo lo que importa es el sentimiento asociado al acto, incluso el asociado meramente a la fantasía infiel. De ahí la preocupación del engañado con los porqués del engaño.

Y por aquello de que se trata de un artificio cultural, hay que asumir que todos somos potencialmente infieles, así que no hay que culparse porque nos atraiga el nuevo vecino o la nueva compañera de trabajo aunque tengamos una pareja de la que nos sintamos completamente enamorados, es normal. Otra cosa es entrar en el juego de la seducción, sería de inmaduros si no nos interesa cambiar de pareja o no hemos establecido ese pacto de relación.

Es fácil ser fiel al principio de las relaciones, cuando el enamoramiento endorfínico anega la visión periférica, pero cuando las relaciones evolucionan a algo más elaborado, más del orden del amor implicado, hay que valorar la tentación de pasiones adolescentes como golosinas de absorción rápida por la pereza de trabajar en las pasiones actuales, más maduras y laboriosas, de lenta absorción pero sin duda más nutritivas. En las relaciones largas, la pasión hay que crearla todos los días, no se genera espontáneamente. Si la relación languidece, ¿a quién le amarga un dulce? Habrá que plantearse si se desea darla por terminada o se decide trabajar en ella.

Por otra parte, es una realidad que algo de celos tiene que jugarse en la pareja o si no, ¿cómo nos va a interesar alguien que no le interesa a nadie más o cómo vamos a desear algo que ya tenemos, o creemos que tenemos, y no tememos perder? No se debe abandonar el juego de la seducción después del enamoramiento, hay que repartir fichas hasta el último día, sea cual sea ese día.

Y si nos engañan, nos traicionan, nos son infieles, será inevitable que suframos por ello si estamos en-amorados, sería muy raro que no fuera así, lo que no debemos es engañarnos a nosotros mismos con que no nos importa o aquí no pasa nada, sí pasa y es una buena ocasión para el crecimiento, como todas las crisis, ya sea que decidamos continuar o concluir la relación.

Con todo esto, les propongo que cada día reserven un rato para enamorar con la pareja, y si no lo encuentran un ejercicio delicioso, háganse otros planteamientos más decididos, pero nunca, nunca se abandonen al aburrimiento, es una pérdida de tiempo.

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3 pensamientos en “De infidelidades

  1. Amar y querer es proponer, proponerse quererse. La infidelidad lo considero parte de la relación, quizás una señal para hacerse preguntas en el largo camino de la relación de pareja. Lo que está claro es que no hay que dejar pasar la oportunidad de hacerse preguntas ante esa señal: es una oportunidad de oro para hacer más grande la relación o para definitivamente tomar decisiones trascendentales sobre la vida de cada uno.

  2. Se suele hablar de la infidelidad como algo negativo. A veces la atracción o el enamoramiento de alguien que se aparece en nuestras vidas es algo inevitable. Tanto si es buscado como si no, hay que reflexionar, por qué surge, qué nos falta, qué representa para nosotros o para nuestras parejas, esa ilusión, esa sensación de que esa persona nueva sí nos entiende. No pasa nada. Sólo hay que parar y pensar cuál es el motivo. Y luego caminar por el sendero escogido.

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